A menudo intuimos que las cosas no son lo que parecen, las gentes de otras épocas se complacían en descubrir y velar al mismo tiempo aquellas ideas que, por su sutileza, no pueden ser expresadas de otro modo. Nuestra relación con las palabras se parece mucho a la de un drogadicto con su droga, las necesitamos para todo, exigimos explicaciones razonadas y razonables, y creemos que basta usar palabras para resolver los problemas. La gente de otros tiempos no usaba ni necesitaba tantas palabras, por ejemplo, todos los dichos de Cristo, caben en unas pocas páginas, Cuántas páginas habrán escrito los hombres sobre ello sin aclarar su significado en la más mínima fracción? Del mismo modo pueden escribirse sesudos y profundos tratados sobre este o aquel aspecto de esta o aquella obra de arte, pero nunca serán nada más que palabras, inconmensurables con la obra de la que hablan. El Universo en que vivimos es una obra de Arte, el arte se percibe, hablar, lo impide.